Docencia universitaria, emprendimiento, conciliación y sentimientos

Antes de desahogarme (sí, este es un post de desahogo, aunque parezca una justificación), vaya por delante que hablo desde la humildad: es un intento de reflejar una realidad complicada, a la vez que feliz, con un componente de culpabilidad y una pizca de impotencia. Mi objetivo no va más allá de reflejar lo que (creo que) algunas mujeres vivimos hoy en día cuando la maternidad pasa a ser parte del puzle de nuestras vidas.


El pasado año 2017, me doctoré en Comunicación y Educación en Entornos Virtuales por la UNED (aprovecho para agradecer a mi directora Sara Osuna su apoyo académico y a Ruben Espeso su apoyo personal incondicional). Ese año fue muy intenso: me enteré de que estaba embarazada a punto de realizar el depósito de mi tesis, en medio de una vorágine profesional que entramaba IKT on (mi asesoría educativa), trabajo en una editorial, trabajo en una fundación y trabajo de docencia y coordinación en un posgrado de UEU-UPV. Creo que mi cuerpo decidió que era el momento adecuado para aminorar el ritmo y el embarazo vino a decirme stop!

Bajé el ritmo (por petición popular y, al final, por necesidad) y vino la segunda luz de mi vida: mi preciosa hija. Aunque el inicio fue muy difícil (de bonito nada: ¡basta ya de idealizar esos primeros meses!), poco a poco me acostumbré a pasar mucho rato con ella, paseando, aprendiendo, llorando... un poco de todo, claro, porque todo tiene su lado bueno y su lado malo. Pero lo cierto es que nunca desconecté totalmente del trabajo, porque mi empresa y el posgrado seguían ahí. Lo llevé bastante bien, aunque tenía la dicotomía entre "¡qué bien, no estoy solo a mi hija, tengo otras motivaciones!" y "¿por qué no seré capaz de estar al 100% con mi hija?".

Esa dicotomía no fue a mejor cuando llegó el momento de incorporarme al trabajo: ¡qué sentimiento de mala madre! No puedo entenderlo desde un punto de vista razonable porque, en realidad, me encanta mi trabajo y solo eran unas horas, porque me había reducido la jornada; pero supongo que las hormonas harán su espectacular función en este caso (también).

Lo que me ha sucedido en este inicio de curso 2018-2019 ha acentuado notablemente ese sentimiento. Y es que, al trabajo de mi empresa (de jornada reducida) y a mi coordinación y docencia en el posgrado antes mencionado, se le han incorporado nuevos amigos: me han llamado de varias universidades para impartir docencia, estoy editando un libro con otros compañeros... (os suena eso de ANECA, ¿verdad?). ¿El resultado? Una nueva vorágine de trabajo que me cuesta explicar cuando me preguntan "¿dónde trabajas?" o "¿a qué te dedicas?". Un puzle diario, un cruce de caminos constante, para buscar el equilibrio entre lo personal y lo profesional, sobre todo, entre mi familia y mi trabajo.


Mucha gente me dice que estoy loca, me pregunta por qué me meto en tantas historias, me dice que es mejor vivir más tranquila... Lo siento: me encanta mi trabajo y veo oportunidades de seguir aprendiendo y creciendo personal y profesionalmente en todos los proyectos que me ofrecen. Quizá ahí esté la razón por la que me cuesta decir que no. Por supuesto, por encima de todo, está mi familia: lo son todo para mí, de verdad. Pero... ¿soy mala madre por querer seguir adelante con mi empresa y compatibilizarlo con las oportunidades de docencia universitaria que me ofrecen? ¿Estoy loca por querer ser docente universitaria y así poder poner mi granito de arena en la formación inicial y continua del profesorado? ¿Por qué presupone la gente que viviré más tranquila y feliz teniendo menos proyectos entre manos?

La conciliación es muy difícil: en realidad, es una palabra utópica, como unicornio. Desde mi punto de vista, simplemente, no existe. Pero conciliar ya es difícil sin estar en mi situación, sin tener el puzle que yo manejo; es decir, con un solo trabajo de jornada reducida también es complicado conciliar. Por eso, quiero hacer un llamamiento a la calma, para que se acerque a mi conciencia y le diga que no pasa nada, que no estoy haciendo nada malo y que siga luchando por mis sueños.

Seguimos aprendiendo. :)

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