28 mar. 2011

LA IDENTIDAD DIGITAL

Definición y construcción
Como afirma el equipo de red.es, “desde la aparición de los blogs […], Internet ha evolucionado en apenas un lustro hasta traernos poderosas herramientas para no sólo usar la Red, sino estar –y por tanto, ser– en ella”. En realidad, no nos limitamos a utilizar la red como herramienta: muchos acontecimientos de nuestra vida suceden en y a través de la red; dicho de otra manera, en el ciberespacio. Cuando hablamos del ciberespacio, nos referimos al mundo virtual creado en Internet. La Wikipedia explica que “el término se refiere a menudo a los objetos e identidades que existen dentro de la misma red informática, así que se podría decir, metafóricamente, que una página web [incluso una persona] ‘se encuentra en el ciberespacio’". Por consiguiente, existimos en él. Somos en él. Tenemos una identidad en la red: la identidad digital.

De Haro define la identidad digital como “la imagen que proyectamos de nosotros mismos a través de los soportes digitales y cómo nos ven los demás”. Teniendo en cuenta la realidad social de la sociedad del conocimiento, la identidad digital cobra una gran importancia, debido a la presencia que tenemos en la red.
Es interesante tomar en cuenta la matización que hace Omatos, ya que nos explica que “debemos de tener claro que sólo existe una identidad: somos los mismos en la vida real y en la red, la diferencia está en el medio”. Así, debemos entender que la identidad digital es un reflejo tanto de nuestra identidad social como de nuestra identidad personal en el ciberespacio.


Pero ¿cómo se construye la identidad digital? Freire nos lo explica “como parte del proceso de aprendizaje en la cultura digital”. Podemos concluir que la identidad digital es la extrapolación de nuestra identidad [tanto social como personal] al ciberespacio, y que se construye junto con el aprendizaje; es decir, nuestra identidad digital se desarrolla a medida que adquirimos competencias digitales. Asimismo, según el mismo autor, “no hay normas para construir y controlar la identidad digital; es un proceso de aprendizaje individual. Todavía se tienen que definir las reglas del juego”. En realidad, el concepto de identidad digital es relativamente nuevo; no podemos tener la certeza de una buena construcción de la identidad digital. Sin embargo, y tomando en cuenta la construcción de la identidad social y personal, deberemos intentar extrapolar adecuadamente.

En este proceso de construcción y extrapolación, debemos tomar en cuenta las palabras de Garaizar: “la identidad digital es pública y distribuida”.  Al igual que en la vida real, lo más probable es que, en el ciberespacio, estemos presentes en más de una red social: Facebook, Twitter, LinkedIn, Tuenti… Cada una cumple una función y esto hace que nuestra identidad digital sea distribuida. Podemos considerar Facebook y Tuenti como redes sociales centradas en los contactos cercanos [amigos y amigas]; LinkedIn es una red social centrada en los contactos profesionales [antiguos compañeros y compañeras de trabajo, además de nuevos contactos profesionales]; y Twitter es un servicio de microblogging que su centro depende de las personas a las que sigamos [puede limitarse a los amigos y amigas, o puede ser una red para hacer contactos nuevos]. El hecho de estar presentes en redes sociales de distinta índole hace que nuestra identidad digital se nutra de diferentes contextos y que se forje a partir de ellos, ya que su no pertenencia a alguno de ellos la cambiaría [como en el caso de la identidad social]. Como bien explica Turkle, “nuestra identidad en el ordenador es la suma de nuestra presencia distribuida” (1997: 20). Tener conciencia de la distribución de la identidad digital y de que, como afirma Turkle, “el yo es múltiple, fluido y constituido en interacción con conexiones” (1997: 23) puede ser una buena base para el proceso de su construcción.


De igual manera, es necesario tomar en cuenta las implicaciones de la identidad digital.

Implicaciones
La construcción de la identidad digital está contextualizada en una sociedad marcada por grandes cambios. Según Turkle, “este contexto es la historia de la erosión de las fronteras entre lo real y lo virtual, lo animado y lo inanimado, el yo unitario y el yo múltiple, que ocurre tanto en campos científicos avanzados como en los modelos de vida cotidiana” (1997: 16). Lo cierto es que, a pesar de que sea la extrapolación de nuestra identidad personal y social en la red, la identidad digital tiene implicaciones. El mundo digital y el mundo analógico no tienen las mismas características, y es necesario ser consciente de la repercusión que tienen las características a la hora de construir nuestra identidad digital. De Haro identifica cuatro características del mundo digital que tienen implicaciones que deben tomarse en cuenta en el proceso de construcción de la identidad digital:

Facilidad para publicar información: En una red social es posible publicar en diez minutos información sobre nuestra vida privada, junto con fotos de todo tipo, y quedar expuesto ante los ojos de los demás. En el mundo analógico hacer algo así es prácticamente imposible.

Difusión: Aquello que se expone de forma pública en Internet automáticamente queda a disposición de cualquier internauta (ejemplos: 1 y 2), potencialmente millones de personas. Lo que realizamos en nuestra vida analógica sólo es visible en nuestro círculo más inmediato y los mecanismos de difusión son lentos y restringidos, el alcance geográfico y temporal suele ser muy limitado. Sin embargo en Internet este tipo de barreras no existen y a los pocos segundos cualquier información puede ser vista por un gran número de personas que se encuentran en el otro extremo del Planeta. Aún cuando decidamos que sólo nuestro círculo más íntimo de amistades podrá ver aquello que publiquemos, la realidad es que los mecanismos por los que esta información se escapa y circula pueden ser totalmente insospechados. No hay más que pensar en la teoría sobre los seis grados de separación para comprender la realidad de la difusión de la información.

Apropiación de la información. Cualquier objeto que pongamos en la red [texto, imagen, vídeo, etc.] puede ser copiado por otros con una facilidad inexistente fuera de Internet. Esta apropiación de lo ajeno puede ser deseado y permitido [por ejemplo, mediante el uso de una licencia Creative Commons (…)] o no. La realidad de esta apropiación debe llevar a reflexión cada vez que se publique algo en la red.

Permanencia. Aquello que realizamos en el mundo analógico suele ser olvidado y queda sustituido por otras acciones a medida que pasa el tiempo […]. La información circula por Internet de forma continua y no hay una distinción clara temporal. Así, en una búsqueda cualquiera, pueden convivir resultados de hace una semana con los de hace diez años. Además, a esto se añade que aunque las fuentes originales hayan desaparecido es relativamente fácil que esa información haya quedado fijada en cualquier otra página o sistema de información.


No debemos olvidar que la construcción de la identidad digital se hace junto con el proceso de aprendizaje de las competencias digitales, y que, entre ellas, está el ser consciente de las características propias del mundo digital. Estas características del mundo digital dejan expuestos los beneficios y los peligros que conlleva estar [y, por lo tanto, ser] en la red.

7 mar. 2011

¿CÓMO NOS SOCIALIZAMOS EN LA SOCIEDAD DEL CONOCIMIENTO?

Krüger explica que la sociedad del conocimiento “aparentemente resume las transformaciones sociales que se están produciendo en la sociedad moderna [es decir, actual] y [su concepto] sirve para el análisis de estas transformaciones” (Krüger, 2006: 1). No es un término absoluto, ya que, debido a su corta vida y al rápido desarrollo de las tecnologías de la información y la comunicación, está en continua adaptación.

En la sociedad del conocimiento, también acuñada por Castells como la sociedad red (Castells, 1996),  disponemos de más información, gracias al desarrollo de las tecnologías de la información y la comunicación. Esta gran cantidad de información es la base para la creación de mayor conocimiento que en épocas pasadas. En realidad, no debemos mezclar los términos información y conocimiento: el concepto de información hace referencia a un conjunto de datos, y el término conocimiento refleja la capacidad cognoscitiva de relacionar la información adquirida y ponerla en práctica (David y Foray, 2002). David y Foray explican que, al disponer de más información, se da “una aceleración sin precedentes del ritmo de creación, acumulación y sin duda también de depreciación del conocimiento” (David y Foray, 2002: 1).

Esta importancia del conocimiento tiene su influencia en la economía, ya que, como arguyen David y Foray, “se detecta una nueva característica del crecimiento económico, que consiste en la profundización del capital intangible [conocimiento] en comparación con el capital tangible” (David y Foray, 2002: 2). Podemos estar hablando de una economía del conocimiento, donde las “inversiones en capacitación, instrucción, actividades de I+D, información y coordinación, es decir, […] inversiones consagradas a la producción y a la trasmisión del conocimiento (David y Foray, 2002: 2) se convierten en el centro de la economía, mediadas por las tecnologías de la información y la comunicación.

En este contexto de supremacía del conocimiento, las comunidades virtuales toman especial importancia. Ellas son las mayores productoras de conocimiento. Llegados a este punto, es interesante hablar de la inteligencia colectiva, ya que, además de ser un rasgo de la sociedad del conocimiento, creemos que es la base filosófica de estas comunidades virtuales.


Según Lévy “nadie lo sabe todo, todo el mundo sabe algo, todo el conocimiento está en la humanidad” (Lévy, 2004: 20). Este autor explica la inteligencia colectiva como “una inteligencia repartida en todas partes, valorizada constantemente, coordinada en tiempo real, que conduce a una movilización efectiva de las competencias: el fundamento y el objetivo de la inteligencia colectiva es el reconocimiento y el enriquecimiento mutuo de las personas, y no el culto de comunidades fetichizadas o hipóstasiadas” (Lévy, 2004: 20). Podemos constatar que este término, que hoy es día ha pasado de ser una concepción filosófica a ser una realidad, engloba los conceptos de sociabilidad,  conocimiento y construcción, ya que lleva implícitas la importancia de la esencia social del ser humano, su capacidad para razonar y crear conocimiento y la concepción constructivista social del aprendizaje o creación del conocimiento. Por lo tanto, cuando hablamos de inteligencia colectiva, hablamos de una construcción social del conocimiento.

En esta construcción social, el desarrollo de las tecnologías de la información y la comunicación tiene un papel muy importante. Estas tecnologías permiten la proliferación y al progreso de las relaciones sociales. Sin ellas, la inteligencia colectiva, y por lo tanto las comunidades virtuales, tendrían muchas más dificultades para configurarse.

Dentro de las tecnologías actuales, las herramientas 2.0, también denominadas sociales, son las que más han contribuido al florecimiento de la inteligencia colectiva y las comunidades virtuales. En realidad, el avance de las tecnologías de la información y la comunicación, junto con el desarrollo de la web 2.0, ha sido lo que ha cambiado nuestra manera de socializarnos.

¿Cómo nos socializamos a través de las herramientas 2.0? En primer lugar, debemos considerar el mayor de los cambios: nos socializamos en todo momento. Castells defiende que “la red de comunicación electrónica está presente en todo lo que hacemos, en cualquier lugar y en cualquier momento” (Koskinen y Ling en Castells, 2009). Eso quiere decir que, además de socializarnos cuando estamos presentes físicamente, gracias a Internet, tenemos la capacidad de estar a un clic de la persona con la que queramos contactar.


Son varias las herramientas que nos ofrece Internet para socializarnos: el correo electrónico, los foros, los chats, los programas de mensajería instantánea… Pero las herramientas que están teniendo más auge en los últimos años son las redes sociales. Debido a su éxito y su gran utilización, nos centraremos en el análisis de esta herramienta como reflejo de la sociabilidad en la sociedad del conocimiento.

Si nos centramos en su verdadero concepto, la Wikipedia nos dice que “las redes sociales son estructuras sociales compuestas de grupos de personas, las cuales están conectadas por uno o varios tipos de relaciones, tales como amistad, parentesco, intereses comunes o que comparten conocimientos”. El concepto de las redes sociales no cambia cuando lo aplicamos como herramienta 2.0 de Internet. Mantiene su esencia, pero la Wikipedia añade que “el software germinal de las redes sociales parte de la teoría de los ‘Seis grados de separación’, según la cual toda la gente del planeta está conectada a través de no más de seis personas”.

Como nos explica de Haro, hay diferentes tipos de redes sociales. Algunos servicios 2.0 tienen características de redes sociales y, aunque centran en algún objeto [vídeo, trabajo], permiten la conexión entre personas. Éste es el caso de YouTube o de LinkedIn. Centrándonos en las redes sociales, propiamente dichas, podemos encontrar redes verticales [como Edmodo o Grou.ps], y redes horizontales [como Facebook o Twitter]. Todas ellas se utilizan, pero podríamos decir que las que más se centran en ampliar los horizontes de la sociabilidad son las redes horizontales, tomando a Facebook y Twitter como líderes.

Según de Haro, en las redes sociales horizontales “los usuarios no pueden aislarse completamente unos de otros”. Esto hace que todos estemos conectados en todo momento.

Conectividad total, inmediata, sin barreras físicas ni temporales… Ésas son las características de las relaciones sociales actuales, y reflejan cómo nos socializamos en la sociedad del conocimiento: a través de las tecnologías de la información y la comunicación [especialmente de las redes sociales], construimos “estructuras formadas por relaciones que conectan personas”. Las estructuras pueden basarse en aficiones, trabajo, parentesco, educación... Pero esas bases siempre han sido de la misma índole, lo que demuestra que, a pesar de las novedades en los canales de las relaciones sociales, hay aspectos que nunca cambian.


Bibliografía y webgrafía

- CASTELLS, M. (1996): La era de la información. Vol 1. La sociedad red. Alianza Editorial, Madrid.

- CASTELLS, M. (2009): Comunicación y Poder. Alianza Editorial, Madrid.
- DAVID, P. y FORAY, D. (2002): Una introducción a la economía y a la sociedad del saber. Revista Internacional de Ciencias Sociales nº 171.
- DE HARO, JJ. - http://jjdeharo.blogspot.com [última consulta 10 de febrero del 2011].
- KRÜGER, K. (2006): El concepto de ‘Sociedad del conocimiento’. Revista Bibliográfica de Geografía y Ciencias Sociales, Universidad de Barcelona.
- LÉVY, P. (2004): Inteligencia Colectiva. Disponible en  http://inteligenciacolectiva.bvsalud.org [última consulta 10 de febrero del 2011].
- WIKIPEDIA – http://es.wikipedia.org