4 abr. 2011

PARADOJA DE LA SOCIABILIDAD EN LA ERA DIGITAL


Los avances tecnológicos referentes a las tecnologías de la información y la comunicación que caracterizan la sociedad del conocimiento, también llamada la era digital, han desarrollado una conectividad social casi total. Dejando a un lado la brecha digital, podemos decir que estamos más conectados que nunca. Las barreras del tiempo y el espacio se han reducido de tal manera, que podemos comunicarnos con todo el mundo, incluso con personas de lugares inhóspitos. Callejo explica que “todos somos vecinos. Todos podemos necesitar unos de otros. El patio de vecinos es el mundo entero, hablándose de una vecindad global. […] Con medios de comunicación como Internet, es difícil sustraerse a la sensación de estar habitando el mismo mundo. Las otras partes, los otros vecinos, de este mundo, están accesibles a un pequeño esfuerzo de comunicación: puede hablarse con ellos; puede escucharse o leer lo que dicen” (2008: 5). Callejo nos pone en palabras la realidad social actual.

En esta línea, Castells afirma que “Internet es ya y será aún más el medio de comunicación y de relación esencial sobre el que se basa una nueva forma de sociedad que ya vivimos, que es lo que él llama la sociedad red” (2001: 1) . Tomando como base esta afirmación, podemos decir que Internet es la base de las relaciones sociales actuales.

En lo referente al mundo digital, la presencia en Internet [y por tanto la identidad digital] ha cobrado una gran importancia y este hecho se traduce en un aumento de horas de conexión a la red. Necesitamos estar presentes en Internet: necesitamos tener Facebook o Tuenti para hablar/compatir/comentar con los [nuevos] amigos; necesitamos tener Twitter para darnos a conocer por los pensamientos que escribimos/compartimos; necesitamos tener LinkedIn para mantener/hacer contactos profesionales; necesitamos… Necesitamos alimentar nuestra identidad digital de la realidad de todos estos sites para estar presentes en y ser parte de la realidad social actual. Estamos y queremos estar más conectados que nunca.


Sin embargo, en lo que respecta a la realidad analógica, el aumento de las horas de conexión a la red es inversamente proporcional al tiempo que pasamos en compañía. Dicho en otras palabras, las horas que pasamos conectados a Internet, las pasamos en soledad; no nos relacionamos tanto con la gente que tenemos alrededor.

He ahí la paradoja: gracias al desarrollo de las tecnologías de la información y la comunicación, cada vez tenemos más capacidad para socializarnos; pero, a su vez, pasamos más tiempo solos, sin otra compañía que el ordenador. Podemos comunicarnos con una persona geográficamente muy distante, pero muchas veces no somos conscientes de la falta de comunicación que tenemos con las personas cercanas [físicamente].

Castells nos explica claramente que “un gran estudio de observación realizado a lo largo de un año en una serie de hogares en los que se utilizaba Internet, [afirma] que no cambia nada. Es decir, que la gente que hacía lo que hacía, lo sigue haciendo con Internet y a los que les iba bien, les va mucho mejor, y a los que les iba mal, les va igual de mal; el que tenía amigos, los tiene también en Internet y, quien no los tenía, tampoco los tiene con Internet” (2001: 13).

Según un estudio de la IAB (2010), el número de usuarios de las redes sociales y el nivel de visitas ha aumentado. ¿Acaso los usuarios de las redes sociales no desean aumentar o fortalecer sus redes sociales? ¿Es que no se dan casos en los que usuarios muy sociales virtualmente están marginados socialmente? ¿Estamos priorizando el mundo digital y, por lo tanto, nuestra identidad digital sobre el mundo analógico y nuestra identidad personal y social?


Tomando en cuenta los cambios tan vertiginosos de la sociedad y las tecnologías de la información y la comunicación, el futuro es difuso. No podemos determinar si el desarrollo de la sociabilidad en la red nos llevará a una sociabilidad diferente; pero no podemos negar que estamos cambiando. Internet es el centro neurálgico de las relaciones sociales, aunque no sepamos qué consecuencias tendrá a largo plazo. En palabras de Callejo, “el futuro es, por definición, indeterminado. Buscado, deseado, querido y, a la vez, temido. Con el uso de una conocida metáfora: es siempre un abismo. […] Así es como vivimos: en sociedades bajo el shock del futuro. Bajo la presión de ahondar en las consecuencias de la producción del futuro” (2008: 2). Nuestro shock son los cambios. Por ahora, las consecuencias nos ofrecen una situación paradójica: ser y relacionarse en la red es cada vez más importante; tanto, que a veces nos olvidamos de las relaciones sociales en el mundo analógico.

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