20 jul. 2011

EL PODER DE LA EDUCACIÓN MEDIÁTICA

A menudo, relacionamos la educación mediática con la educación formal. De hecho, hay informes que resaltan la importancia de la educación mediática en la escuela, como es el caso de “La educación mediática en la escuela 2.0” (Aparici, Campuzano, Ferrés y Gª Matilla, 2010). Sin embargo, y aunque en ese informe se aclare, en este post quiero recalcar que el poder de la educación mediática no se limita al campo de la educación formal. Más allá del mismo, quiero subrayar su importancia en el aprendizaje a lo largo de la vida, como lo tratan indirectamente varios informes, dándole mucha trascendencia al pensamiento crítico: "La educación mediática en la escuela 2.0" (Aparici, Campuzano, Ferrés y Gª Matilla, 2010), "Marco de Acción Dakar. Educación para Todos" (2000) e "Informe Delors. La educación encierra un tesoro (1996), entre otros.

Como afirman varios autores, “a nivel general, la educación mediática debería servir para promover la creatividad del individuo y su comunicación con otras personas. (…) A nivel más específico, debería formar en el análisis de los contenidos transmitidos por los medios, (…) y en el fomento del pensamiento crítico a través del análisis y la reflexión” (Aparici, Campuzano, Ferrés y Gª Matilla, 2010: 11). Podemos considerar indispensable este tipo de formación para analizar y explicitar la connotación publicitaria. Por medio de ese análisis de los valores subjetivos añadidos a los productos, podemos reflexionar sobre la adecuación y la idoneidad de los mismos; a su vez, podemos promover el fomento de valores éticamente correctos y adecuados para nuestra futura sociedad.

Esto hace visible la necesidad y el poder de la educación mediática, que pone sobre la mesa la responsabilidad de las personas receptoras ante los mensajes publicitarios. Podemos decir que, mediante la educación mediática, se pone en evidencia el protagonismo de una sociedad mucho más consciente y capaz de analizar y gestionar medios y sistemas de comunicación e información, incluida la publicidad.

Reflexiones acerca de la educación mediática y la connotación publicitaria

La connotación de la publicidad la componen los valores y mensajes subjetivos construidos por medio de la denotación de las imágenes. Esta construcción está condicionada por los intereses económicos de la marca que publicita el producto, aunque también se reproducen los valores de la mirada blanca impuesta globalmente.

Sin embargo, la marca no es el único agente relacionado con la publicidad. Aunque la responsabilidad de la creación de la connotación sea de ella, organismos como la asociación Autocontrol tienen la responsabilidad del autocontrol de la comunicación comercial. Asimismo, los ciudadanos y las ciudadanas tenemos parte de responsabilidad, ya que no somos meros receptores. Como afirma Neuman, “la audiencia es pasiva y activa al mismo tiempo. La mente actúa de tal forma que las informaciones, ideas e impresiones nuevas se toman, evalúan e interpretan a la luz del esquema cognitivo y de la información acumulada de la experiencia anterior” (Neuman, 1991: 114, citado en Castells, 2009: 179). Eso significa que tenemos la capacidad de ser activos ante los mensajes publicitarios. Además del papel importante de la cognición, tenemos la responsabilidad de hacer una valoración crítica de los mensajes recibidos: debemos tener una formación y educación mediática que nos forme en el análisis y la reflexión por medio del pensamiento crítico.

La responsabilidad y la capacidad deben dar paso a un compromiso, ya sea individual o global, para que cada agente asuma su responsabilidad moral sobre la connotación publicitaria. Así, el compromiso servirá “para que los ciudadanos (y las ciudadanas) puedan influir en las industrias de la comunicación para que atiendan prioritariamente a las necesidades de las personas” (Aparici, Campuzano, Ferrés y Gª Matilla, 2010: 12)  y dejen de reproducir valores de dudoso valor moral.

Como dijo Kaplún, “comunicar es siempre optar” (Kaplún, 1998: 165). Las marcas eligen la connotación, y con ello los valores, normas y pautas sociales. Sin embargo, las personas receptoras de los mensajes publicitarios también tenemos que optar: optar por el fomento del pensamiento crítico, gracias a la educación mediática. En definitiva, optar por la conciencia de la responsabilidad moral de la connotación publicitaria.

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